El vicio de la noche – Jueves de relatos cortos

El vicio de la noche

El vicio de la noche – Jueves de relatos cortos. Estoy seguro que todos en algún momento de la vida todos nos hemos sentido atraídos por alguna noche especial. Sin importar la motivación, no se puede negar que la noche tiene un aura mágica. En algunas ocaciones puede hacernos pensar que somos invencibles y en otras que somos una hoja caída de un árbol en pleno otoño a merced del viento y sus caprichos.

Para mí, hay ciertas noches que siento la necesidad de mantenerme en movimiento. No me basta llegar a casa y sentarme frente al televisor a esperar que morfeo haga su llamado. Es casi más fuerte que yo. A veces solo quiero coger el auto y que me lleve donde él decida, porque no importa el camino. Lo que realmente cuenta es sentirse en la marcha ¿Hacia donde o a que cosa? Es irrelevante.

El vicio de la noche me envuelve como lo hizo Dalila con Sansón dejándome indefenso. Ella sabe como hacer las cosas, incluso cuando enciendo la radio, pareciera saber quien soy. Canciones amigas, fieles compañeras de recuerdos aventureros parecieran ser tocadas a propósito para mi.

Ciertas noches de estas trato de revelarme con un berrinche retrechero, pero ella sabe cómo meterse en mi cerebro y hacerme cambiar de opinión. Muy delicadamente, en ocaciones muy extremas de mis berrinches me ha parecido escucharla susurrándome cosas al oído. Cosas en las que tiene plena conciencia que no puedo resistirme.

Así vuelvo a caer redondo ante sus encantos. Me lleva de la mano a lugares a los que puedo tratar de «tú». Sin darme cuenta me enreda en una niebla con senos firmes y piernas largas, suaves, con algunas picaduras de mosquitos porque ellos solo salen cuando hace calor.

El vicio de la noche es como una buena amiga que desinfecta todas mis heridas causadas por la vida. Algunas noches ella me hace salir de bares que están cerrando y me consigue una cafetería de carretera para hacerme encontrar con alguien festejando alguna tontería de su vida.

Algunas veces también me deja solo esa noche ahí. Me dice de mala gana que debo darme por servido y que debo contentarme por su benevolencia hacia mi persona. Me hace sentir usado. Una servilleta que limpia el sudor de su sucia frente acabando en el basurero. Cuando eso ocurre es mi sentido de supervivencia toma parte en la obra de teatro que llamamos vida y me hace permanecer despierto o podría no despertar nunca más.

El vicio de la noche también me hace sentir dueño y señor de un lugar que no existe de día. Ma hace sentir afortunado guiándome a tocar la puerta de quien es como yo. Sabe que esa sensación me encanta y cada vez que desea hacer las paces conmigo me la da. Aveces me acurruca entre sus tetas teniendo una actitud ambigua entre una madre y una mujerzuela.

El vicio de la noche pareciera ser una mala influencia en mi vida pero no estaría donde estoy de no ser por el.

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