Diciembre, 03

Diciembre, 03
Diciembre, 03

Relatos-Cortos. Hoy es 3 de Diciembre. Se puede ver un cielo gris y turbio, en el horizonte solo hay nada, un nada que llega hasta donde sus ojos desnudos alcanzan a ver. Se encuentre en un pequeño muelle de la playa donde embarca la gente en verano para hacer un mini recorrido por las costas de Santorini. Le parece curioso como un lugar tan popular en los días soleados y cálidos de Julio puede quedar abrumadoramente desolado en invierno. Siente un vacío. Pero no es un vacío normal, donde no existe nada. Es un vacío más bien lleno, rebosante de recuerdos buenos y malos de ese verano fugaz que duró tan poco.

Un verano que esperó toda su vida y como en el juego mortal de la ruleta rusa despedazó su alma. Sus ganas y sus ilusiones. Está ahí sentado, al final de ese estrecho muelle y sus pies casi pueden tocar el agua gélida del mar adriático. El mismo mar que hace no muchos meses atrás veía con ojos inundados de ilusión, de pasión por algo importante, de ganas por demostrarse a sí mismo que si se desea algo con tanta intensidad se puede alcanzar. Se siente congelando con el frío inclemente, pero no se quiere mover de ahí.

Levanta la mirada al cielo y tiene la sensación de estar en una especie de cúpula oscura formada por las nubes turbias. Son tan gruesas y están tan cerca que casi podría tocarlas, trata de buscar en sus pensamientos al menos uno que le de esperanzas de nuevo para aferrarse a él con con brazos y piernas usando todas sus fuerzas pero no logra encontrarlo.

Esa dura y cruda realidad ha devastado todo, como después de un tornado, solo queda desolación y ruinas. El frío ya le está paralizando los dedos de las manos, pero aun no quiere marcharse, aun no quiere regresar a ese lugar que representa su logro más grande pero que nunca funcionó. Sin darse cuenta llegó la noche, algunos de los hoteles más prestigiosos que no distinguen de estaciones encienden sus luces imponentes que alumbran una parte de la costa y pueden verse a kilómetros de distancia. En su cabeza se repite una y otra vez que algún día llegará a sentir algo tan imponente y sólido como esos hoteles.

Comienza a pensar en la persona que le ha acompañado en ese largo y tortuoso viaje que llama vida, de repente se da cuenta que ella lo está esperando en aquel lugar al que no quiere llegar. Ahora siente muchas ganas de abandonar aquel muelle. Se levanta apresurando el paso, solo quiere abrazarla, agradecerle por su compañía incondicional. Llega afanado y puede notar en los ojos de ella que la llama del amor había desvanecido. Algo había cambiado pero nunca se dió cuenta en que momento pasó. Más pensamientos bombardean su cerebro como en si estuviera en Vietnam.

Siente quebrarse como una delicada copa de cristal, esa noche no quiere y no puede decir nada. Se le hace muy difícil, aquella mujer ya no era la misma persona que una vez hubiese dado la vida por el. Hace el intento de consultarlo con la almohada, pero el sueño no llega esa noche. Puede ver como duerme serena junto a él, esa serenidad calma la tormenta de pensamientos que tortura su presente, entonces comienza a cuestionarse todo.¿ Habrá sido justo esto o aquello? Entiende que en él también se ha extinguido algo.

Es el único que tiene el valor de admitirlo y de afrontarlo, eso le convierte en malo, en una persona despreciable, siente culpa por hacerle daño con la cruda realidad, pero mientras más habla con ella, ambos se convencen de que el lugar que solía ser su refugio se ha convertido en una prisión de la que deben salir buscando la mejor y menos dolorosa manera. Solo el tiempo podrá darles razón.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*